25/01/2017

Exportaciones de gas: sin prisa, pero sin pausa

Por Juan José Aranguren

Publicado originalmente en Cronista, el 23/01/2017

Sr. Director, con referencia al artículo titulado ‘Exportaciones de gas: ¿Por qué tanto apuro?‘, de Fernando Navajas y publicado en El Cronista del miércoles 18 del corriente, me interesaría efectuar los siguientes comentarios:

Es incorrecta la afirmación de que la semana pasada se anunció que “se extendían hasta el fin del mandato de Cambiemos los planes de estímulo al gas heredados del gobierno anterior”. Lo que se informó, como parte del anuncio de la firma de una adenda a los convenios colectivos de trabajo para la explotación no convencional en la cuenca neuquina, es que se sancionará un incentivo de precio para todas las concesiones que pasen de la etapa piloto a la etapa de desarrollo. Los términos de dicho plan de incentivo, serán motivo de una resolución ministerial que se dará a conocer en las próximas semanas. Lo que ocurra con los programas de estímulo conocidos como Plan Gas I y II a su finalización, el 31/12/17, resultará de otro análisis y la transparencia de su discusión será valorada por los participantes en la misma.

El capital dedicado al desarrollo de los recursos no convencionales es dinero puesto a rodar en el país porque volverá como trabajo, impuestos, infraestructura y, en suma, en crecimiento de nuestra economía. En cambio el gastado en importación de productos energéticos, es dinero que sale de nuestras fronteras, para remunerar trabajo e impuestos para beneficio de otros.

En lo que hace a la opinión respecto de la gestión de YPF, debo decir que esta compañía es una sociedad anónima que tiene su propio cuerpo de dirección y, por tanto, no corresponde a este Ministerio opinar en público al respecto. No obstante, es importante destacar que, de efectuarse el descubrimiento comercial esperado en Bolivia, se trata de una explotación convencional, que con YPFB nos une un contrato de abastecimiento hasta el año 2026 y que la naturaleza del mercado boliviano nos permite asegurar que la participación de YPF en dicho emprendimiento también redundará en una baja de los costos de abastecimiento del mercado nacional.

En el marco de estas consideraciones, Navajas se refiere a una Resolución del Ministerio de Energía de “re-autorización (sic) de exportaciones de gas” y la vincula con el colapso energético heredado “en parte causado por autorizaciones temerarias otorgadas en los años ‘90″.

En mi opinión, se trata de un error de alguien que no es lego en la materia.

En efecto, la Res. MINEM 8/2017 implementa –con poco apuro– lo establecido por el decreto 893 del 25 de julio de 2016, a su vez modificatorio del decreto 1738/1992, aprobando un procedimiento de autorización de exportaciones de con compromiso de re-importación.

De la lectura de sus considerandos se puede entender las razones que llevaron a la necesidad de aprobar un mecanismo de exportación y re-importación como el establecido.

No obstante ello, me permito agregar algunos comentarios.

En primer lugar, el mercado de gas natural argentino refleja una muy alta estacionalidad.

En los meses previos y posteriores al período invernal, la demanda de gas natural cae abruptamente en el sector residencial. La menor demanda de confort calórico, sea bajo la forma de calefacción por gas o de aire acondicionado eléctrico, desploma la demanda de gas. Y esto puede ocurrir en meses como abril, mayo, septiembre u octubre, por citar ejemplos, en forma abrupta produciendo fuertes variaciones en la demanda del fluido, lo que complica la programación de los cargamentos de importación de GNL.

En estas circunstancias, como Argentina carece de almacenaje subterráneo de gas natural, a diferencia de otros mercados tanto o más grandes que el nuestro, solo quedan disponibles las siguientes opciones: (1) cerrar producción, con la consiguiente merma en la oferta de GLP y petróleo crudo asociado y la resultante pérdida de ingresos para todos los actores, (2) reprogramar y/o pagar penalidad por los cargos de GNL comprometidos pero ahora innecesarios, o (3) sacar el gas del país para traerlo cuando el mercado esté en condiciones de absorberlo. Esta última alternativa es la menos costosa y no atenta contra la seguridad de suministro, en la medida de que podamos acomodarla con nuestros vecinos chilenos. En este sentido, más allá de las consideraciones teóricas que efectúa, es muy interesante la lectura de un reciente documento elaborado por FIEL, financiado por algunas empresas del sector, en la búsqueda de la “normalización del precio del gas natural en Argentina”, en el que se indica como una opción saliente para este propósito la exportación estival de gas natural.

Hay otra razón, muy importante, que le da sentido a las exportaciones temporarias con compromiso de re-importación.

El norte neuquino, en la zona de la cabecera del Gasoducto del Pacífico, que conecta Loma La Lata con la ciudad chilena de Concepción, es un polo importantísimo de desarrollo de Vaca Muerta. Tanto es así que actualmente este gasoducto ha revertido su sentido de flujo y se utiliza para captar el desarrollo de la producción de la zona para volcarlo al mercado nacional. Sin embargo, su capacidad de transporte está cercana a su saturación, y para que esto no detenga el desarrollo hasta tanto estén concluidos los trabajos de expansión de transporte necesarios, se hace conveniente llevar el gas a Concepción, para luego re-ingresarlo al país a través del gasoducto Gas Andes, que conecta Santiago de Chile con nuestro gasoducto Centro Oeste.

Existe también un efecto de más largo plazo. A medida que la producción nacional continúe su recuperación, habrá cada vez más excedentes ‘intempestivos‘ durante tiempos más largos. Es de toda lógica por lo tanto, esperar que los productores de gas natural tomarán nota de esto y, ante la alternativa de cerrar producción por falta de otra opción, disminuirán el ritmo del desarrollo. Situación que debemos y queremos evitar.

Sin prisa, pero sin pausa, continuaremos normalizando los mercados que, por acción u omisión de muchos, fueron bastardeados de hecho y no por derecho, en sede administrativa, en la última década.

Se hace difícil contestar por este medio a las preguntas retóricas que efectúa el Sr. Navajas al final de su artículo. No obstante ello me permito aclararle que cuando ocurren las restricciones en la capacidad de transporte, resolverlas nos permite mejorar la oferta de gas natural a precios más económicos que la del combustible sustituto, sea este gasoil o GNL. Asimismo, con relación al ímpetu con el que se debería abaratar la importación de GNL, lo invito a visitar la página web de ENARSA para valorar la política de compra de ese insumo durante el año 2016. De hacerlo, podrá verificar que hemos reducido su costo en 43% comparado con 2015, cuando el precio del marcador de referencia Henry Hub se redujo en un magro 4% en el mismo período.

Debido a su baja densidad energética relativa, el gas natural tiene un costo de transporte varias veces superior al de cualquier combustible líquido. Esta es una gran barrera para el desarrollo del gas natural como un commodity global.

En consecuencia, para tener un desarrollo de gas natural masivo, y por ende exitoso, es necesario contar con mercados en expansión, a un ritmo nunca inferior al del desarrollo de la oferta, aun cuando parte de ella por el momento sea importada.

Sr. Director, nuestro país ha sido bendecido con masivos recursos, fósiles y renovables, convencionales y no convencionales, de clase mundial. Sólo la falta de visión de sus dirigentes, tanto del sector público como privado, ha impedido su pleno aprovechamiento para beneficio de nuestra sociedad. Ahora se nos presenta una nueva oportunidad de lograrlo, sin prisa pero sin pausa, aunque no todos puedan encontrar respuestas a sus dudas.

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