09/05/2020

¿Cómo saldremos de esta pandemia?: la energía de la pequeña economía

Por Nicolas Gallo

Publicado originalmente en Clarín, el 09/05/2020

Semanas más, y el coronavirus será historia, llena de anécdotas, tristezas y enseñanzas. Mientras tanto, el Gobierno no puede seguir postergando el proceso de reconstrucción de la economía, gravemente herida y con una pobreza multiplicada. La percepción de las urgencias y la sensibilidad ante las reacciones que sobrevendrán a la parálisis serán factores cruciales. Los planes estratégicos se exponen; no se enuncian.

El Gobierno ¿enfrentará esa inexorable realidad, exprimiendo hasta la última gota de la riqueza heredada?¿ O pensará en otros caminos? Hace 100 años, nuestro país emergía entre las grandes potencias mundiales. Juntos, hijos, abuelos y bisabuelos, tenían una sola concepción del progreso y cómo alcanzarlo. Parecía simple.

Hoy nos une la virtud de la solidaridad y el esfuerzo comunitario ante la necesidad de supervivencia. Arribó el virus y su cruda maldad no da lugar para discursos y relatos fantásticos y voluntaristas.

Al salir de la cuarentena, los ahorros de la clase media se habrán esfumado y el desempleo de las clases medias y bajas habrá alcanzado niveles dramáticos. Juntos conformarán una ecuación altamente explosiva, ya que, con lógica, reclamarán la recomposición urgente de sus situaciones anteriores.

Algunos considerarán que el Estado deberá intervenir para reordenar la repartición de esfuerzos y beneficios post-pandemia. Otros pensarán que se presenta una instancia única para que el Estado se transforme en un abridor de oportunidades, y se olvide por un tiempo de estar al acecho de captar toda renta posible.

El respeto al pequeño emprendedor y a su energía organizativa y creativa puede ser la llave maestra para enfrentar el complejo y borroso futuro.

La economía no es solo la de las grandes empresas industriales, comerciales, de servicios, bancos y financieras. Estas sabrán ajustarse a los cambios que indefectiblemente vendrán en el mundo, liderados por las nuevas composiciones del mercado y los procesos limpios.

Es también la fuerza contagiosa de la pequeña economía; el empuje multiplicado de miles y miles de iniciativas. Si así lo entiende el Gobierno, deberá acomodar sus estrategias y decisiones a ese escenario.

Porque fue muy extraña la decisión de incluir en la cuarentena los movimientos bancarios que facilitan la vida de la pequeña economía.

También es raro que los precios de hortalizas y frutas se disparen cuando los más importantes mercados centrales de comercialización se encuentran en la órbita del Estado, por lo que el Gobierno podría haber instrumentado circuitos logísticos más directos para minimizar los costos de la intermediación. Y es extraordinariamente confuso que el Gobierno negocie con las provincias petroleras y productores escondidos detrás de ellas un precio “criollo” del barril, cuando YPF es el patrón del negocio. Ese precio ficticio afectará a la pequeña empresa.

Extrañezas que, por falta de sustento lógico, generan temor y agitan las incertidumbres. La economía que deberá recibir la máxima atención es la que se nutre de millares de pequeñas y medianas empresas, profesionales y técnicos, artesanos y especialistas, talleres y la construcción privada; comercios y almacenes barriales. En ese campo desbordante de posibilidades, la intervención de los funcionarios estatales traerá caos por desconocimiento de la naturaleza, reglas de juego y dinámica de los actores de esta economía.

El peligro real está dentro mismo del Estado. Está en su ansiedad normativa. Sus funcionarios son personas de carne y hueso, que los diferencia del ciudadano de la calle en su potestad para tomar decisiones que pueden ser promotoras y generadoras de confianza o, al revés, nuevas trabas, nuevos frenos.

Esos millones de personas que constituyen la estructura y la savia de la pequeña economía multitudinaria ávida de libertad en su gran potencial creativo, serán los activistas principales de la reconstrucción. Todo depende de que el Estado confíe en ellos por convicción.

Un cambio de paradigmas en la economía, donde la vara de medición del éxito valga más por el rendimiento por máximo empleo que por el del capital, debería ser el norte de una estrategia de reconstrucción y progreso. La forzada opción entre economía y salud solo sirve para el discurso de hoy. Es un ancla táctica, que paraliza, vacía de estrategias. No sirve para mañana.

Se dice que toda crisis trae una oportunidad. Vienen tiempos de oportunidades. Verlas con antelación y consensuarlas será responsabilidad del Gobierno y tarea común de la sociedad.

Nicolás Gallo es ingeniero. Ex ministro de Infraestructura y Vivienda de la Nación.

 
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Publicado en: Actualidad
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