País Energético | Columna de Jorge Lapeña

Luces y sombras del contrato de gas entre Argentina y Bolivia.

El 14 de febrero pasado se firmaron importantes acuerdos entre Argentina y Bolivia relacionados con la compra de gas natural por parte de nuestro país. La compra de gas entre los dos países hermanos es uno de los acuerdos de cooperación energética más importantes y más antiguos de la región. Desde 1972, se cumplen 47 años en 2019, es en una relación ejemplar y los argentinos hemos consumido en nuestros quemadores gas boliviano. Lejos han quedado los tiempos en que Bolivia comenzó con sus envíos de 6 MMm3/día en los inicios de los ´70; cantidad que no se dejó de importar ni aun cuando el país empezó a ser excedentario en materia energética a partir de 1989.

 

Es lógico que cuando llegó la larga noche energética en 2005, Argentina haya recurrido a su viejo socio para suplir el gas natural que una pésima política energética le venía negando desde más de dos lustros atrás transformándola en un país energéticamente decadente. Es en esa época y en ese contexto que Argentina firmó el Contrato para la provisión de gas natural con duración hasta 2027 con un volumen inicial de 7,7 MMm3/día y un volumen final de 27,7 MMm3/día.

 

Para llegar a abastecer esos volúmenes de importación (27 MMm3/día), la infraestructura de transporte argentina era insuficiente. Fue necesario entonces encarar la construcción de un nuevo gasoducto de gran porte: el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA), que fue diseñado siguiendo una idea original lanzada por el grupo Techint en 2003 y cuya traza había sido prevista en el Plan Energético Nacional (1986-2000) del presidente Raúl Alfonsín.

 

Quiero poner de resalto en este punto que la compra de semejante volumen de gas a Bolivia sólo era posible con la existencia de ese gasoducto y así consta en el contrato, y sus respectivas adendas firmado por ambos países en 2006, la firmante por Argentina fue la empresa estatal Enarsa.

 

El gas boliviano fue hasta 2010 nuestra rueda de auxilio sin la cual hubiéramos vuelto al primitivismo del kerosene. El gas boliviano fue siempre nuestra fuente de importación de gas más barata y cuantitativamente más importante por sobre todas las variantes de GNL re gasificado. Quiero hacer notar que el precio del gas natural importado de Bolivia es además más barato que los precios del gas natural en Vaca Muerta subsidiado que rondan los 7,5 US$/MMBTU

 

La parálisis de la obras del GNEA realizada unilateralmente por el directorio de su ejecutora (Ieasa /ex Enarsa) en el segundo semestre de 2018 carece todavía de una explicación técnica y económica fundada y razonable por parte de las autoridades de esta empresa. Es irracional si se tiene en cuenta que para concluir las obras y ponerlas en marcha faltaba una inversión de solo US$ 100 millones en una obra tuvo un costo de US$ 1.800.millones concebida específicamente para materializar la importación de gas contractual de Bolivia.

 

Quiero decir que resulta tanto más raro porque el que paralizó las obras sin fundamento es el mismo funcionario (digamos el directorio de Ieasa) que debía obligatoriamente construirlo para cumplir el contrato con Bolivia. Una especie de perro que se mordió la cola. La parálisis de la obra es tanto más inexplicable si se tiene en cuenta que el gasoducto del GNEA cumplirá un rol de suministrador de gas a la región noreste argentina. En este contexto es lógico que aparezcan ahora los reclamos y preguntas de los gobernadores provinciales.

 

Dentro de este contexto, que podríamos globalmente denominar la inconcebible decisión de la paralización del GNEA por la empresa estatal Ieasa en 2018, se toma una decisión aún más inexplicable. Me refiero a la reciente renegociación del contrato de gas con Bolivia mediante la firma de la Adenda N° 4 por la cual se reducen las cantidades de gas compradas a Bolivia en verano y en invierno y se incrementan los precios de retribución a Bolivia por dicho gas en invierno. Realmente inexplicable.

 

Queda claro que Argentina necesita cubrir un pico invernal de gas y Bolivia es el suministrador más económico del que dispone. Me pregunto: ¿qué sentido tuvo relevar a Bolivia de esa obligación contractual y además incrementarle el precio de compra? No sé la respuesta, pero todo parecería indicar que alguien buscó igualar el precio de Bolivia con Vaca Muerta; y no el del de Vaca Muerta con Bolivia que hubiera sido más beneficioso para nuestros consumidores.

 

No está claro tampoco por qué la empresa Ieasa se autolimitó en la posibilidad de cumplir el contrato con Bolivia paralizando el gasoducto GNEA, si al mismo tiempo privaba a Argentina de su fuente más económica de importación. De vuelta todo parece fuera de lógica. A esta altura lo más lógico sería el Gobierno encomendara a Ieasa, que firmó la Adenda contractual el 14 de febrero que dé una explicación coherente sobre todo lo actuado. Será beneficioso para todos y evitará malos entendidos mayores.

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Publicado en: Opinión, País Energético
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