Argentina tiene grandes desafíos energéticos que deben ser encarados los próximos cuatro años

Argentina se encuentra en 2019 inmersa en un largo proceso electoral que, incluyendo desdoblamientos, primarias obligatorias (PASO), primera vuelta y ballotage consume casi un 25% del tiempo útil de un período constitucional del gobierno: ¡una enormidad!

Quizás por eso los gobernantes en nuestro país tienen una vocación irrefrenable de ser reelectos para continuar una gestión que se juzga corta para cambiar la Argentina y sacarla de su crónica decadencia. La Constitución Nacional de 1994 consagró este derecho que se ha hecho práctica común y corriente en todas las provincias argentinas y en la mayoría de las intendencias y en la Nación.

Solo cabe mencionar las excepciones en las provincias de Santa Fe y Mendoza donde la reelección no existe. Vistas las experiencias de gobierno de esas provincias por lo menos en los últimos 30 años cabria analizar si no sería conveniente una movida en sentido contrario para eliminar la reelección que se impuso en el último cuarto de siglo.  Por su parte las PASO son un experimento inútil que logró un solo objetivo: terminar con los Partidos Políticos en la Argentina; que según la CN son “instituciones fundamentales del sistema democrático” (Art.38).

La experiencia prueba que los partidos políticos, todos en decadencia, se desdibujan mezclando candidatos de diversa extracción partidaria conformando frentes electorales; y además afrontan la elección sin Programa de Gobierno concreto, que de hecho contraría el espíritu y la letra del texto de artículo constitucional citado.

En lo relativo al funcionamiento del sector energético, que constituye el punto nodal de nuestra existencia institucional del IAE MOSCONI, la situación de deterioro de las instituciones políticas redunda en una afectación directa del funcionamiento sectorial, que se manifiesta en la inexistencia de programas de largo plazo y en la falta de consensos políticos en torno a la Política Energética. Sin programas no puede haber futuro.  

Es prácticamente imposible que en un sector de infraestructura como en el energético en donde los proyectos son altamente intensivos de capital, y de largo periodo de maduración, pueda avanzarse sin que el país reúna consensos en torno una estrategia común bien pensada y bien ejecutada.

Argentina parece encaminarse desde hace 25 años por los senderos del facilismo y del error. Veamos algunos ejemplos. En los últimos 2 lustros el país no descubrió ningún yacimiento importante de hidrocarburos, no construyó ninguna central hidroeléctrica importante, ningún gasoducto importante, ninguna central nuclear a pesar de haber comprometido la compra de dos con China sin ningún estudio previo. Muchos errores juntos.

Casi siempre el facilismo se combina con la soberbia. Se deciden obras y después se cae en la cuenta que las obras decididas no cuentan ni con Estudios de Factibilidad completos (lo cual va en contra de razón), ni tampoco con los recursos económicos y financieros para asegurar su concreción. La pérdida de tiempo es inmensa, la frustración también.

En los últimos 4 años hemos hecho algunos avances, pero no los suficientes. El más importante es que la Corrupción sistémica en la Obra pública energética está siendo erradicada y está siendo juzgada por los jueces de la República. La Justicia es un poder independiente y cuenta con los mecanismos de apelación y revisión de sentencias que aseguran  que nadie sea condenado injustamente.

Ha sido muy importante también el lanzamiento en 2018 de las licitaciones exploratorias en el Mar en la Plataforma continental hasta el Talud oceánico que ha revertido una muy negativa política aplicada en los últimos 25 años que nos ha llevado a la decadencia productiva en materia de hidrocarburos más larga y más profunda de toda nuestra historia energética y que no hizo perder el autoabastecimiento energético alcanzado en 1989 y que nos transformó en un país energéticamente independiente.

Ha sido sin duda positivo haber introducido la energía renovable fundamentalmente eólica y solar que hoy alcanza un 5% y en ascenso de la energía eléctrica total generada.

Creo que hay dos hechos significativos que fueron realizados en este periodo de gobierno que finaliza que deben ser destacados: a) la extensión de vida de la Central nuclear de Embalse; b) Los proceso de revisión tarifaria integral de las empresas de servicios públicos de transporte y distribución de gas natural y electricidad de jurisdicción nacional; y c) la regularización de los Entes Reguladores ENRE y ENARGAS.

Sin embargo finalizado el gobierno del Presidente Macri hay todavía importantes asuntos aún pendientes: no hay consensos políticos amplios sobre una Política de Estado para la Energía que asegure la continuidad más allá del resultado de las elecciones impuestas por el calendario de la Democracia; no se ha elaborado el Plan Energética Nacional habiéndose excedido todos los plazos razonables para una tarea de esta naturaleza; aún no se han comenzado las dos centrales nucleares comprometidas con China –una CANDU de uranio natural y agua pesada y otra de Uranio enriquecido- sin estudios de Factibilidad completos aprobados.

No existe para el Proyecto de Vaca Muerta, que algunos consideran la salvación de la Argentina con optimismo no basado en estudios sistémicos, todavía un Proyecto consistente y creíble.

La Centrales hidroeléctricas del Rio Santa Cruz no tienen fecha de finalización y tampoco tienen diseñado el Sistema de Transmisión para  transportar la energía a los centros de consumo.

Publicado en: Opinión, País Energético
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